TOLUCA, ESTADO DE MÉXICO. Originaria de Xonacatlán, Reyna
Rayón Salinas ha dedicado su vida al trabajo de difusión y promoción de la
cultura otomí, dedicándose a enseñar su lengua materna, comida tradicional y
tejido en telar de cintura, herencia cultural que aprendió de su madre, Doña
Maguito, quien a su vez aprendió de su madre y sus abuelas.
La relación de Rayón Salinas con la cultura otomí comenzó
desde su nacimiento, cuando al igual que las niñas de su comunidad, y de
acuerdo con las costumbres, aprendió en casa la lengua y tradiciones propias de
su comunidad.
Una vez que tuvo edad suficiente para aprender la técnica
del tejido en el telar de cintura, elaboró sus primeras prendas y por
iniciativa propia apoyó a su madre, cuando ésta presidió una asociación de 83
artesanos de Xonacatlán, a través de la cual comercializaban sus creaciones en
Toluca; la pequeña Reyna se encargaba de detallar los textiles para mejorar su
presentación final.
Orgullosa de la riqueza cultural e identitaria heredada
de su madre, Reyna creció convencida de que estos conocimientos deben transmitirse
de generación en generación para que se expandan a tantas personas y lugares
como sea posible.
Derivado de lo anterior, hace más de 25 años comenzó a
impartir un taller de telar de cintura con sede principal en el Centro Cultural
Mexiquense y que actualmente se ofrece de manera habitual en los Centros
Culturales de municipios como Atlacomulco, Ocoyoacac, San Felipe del Progreso,
Xonacatlán y Temoaya.
“Yo esto lo aprendí de mi mamá. Mi punto de vista es que
esto es una herencia que ella también aprendió de sus abuelas, de su madre y yo
lo aprendí de mi mamá. Y yo lo veo así, como parte de una herencia que se tiene
que transmitir de generación en generación, porque es parte de nuestra
tradición y cultura”, compartió la artesana otomí.
La trascendencia del trabajo realizado por Reyna Rayón
abarca a otras etnias distintas a la otomí, ya que gracias a programas
realizados bajo el auspicio de instituciones como el Colegio de Lenguas, de la
Secretaría de Cultura mexiquense, ha impartido talleres a matlazincas,
tlahuicas y mazahuas para que aprendan el manejo de la trama y el urdimbre,
para que así ellos puedan rescatar su indumentaria, incluyendo el uso de
pigmentos naturales.
Galardonada con premios nacionales de artesanía textil,
más de mil personas han asistido a lo largo de casi tres décadas a sus
talleres. Pensando en que los niños son los más importantes para preservar las
costumbres y tradiciones originarias, la artesana ha desarrollado un
interesante sistema de enseñanza lúdico, que aplica generando interesa a partir
de la curiosidad propia de los niños y el aprendizaje de palabras en otomí de
manera práctica, mientras realizan un textil o guisan algún platillo básico.
Sin límites geográficos, Rayón Salinas regresó del VI
Foro Mundial de la Gastronomía Mexicana, realizado en Estados Unidos, donde
presentó platillos tradicionales, no tantos como ella hubiera querido, según
declaró en entrevista: “porque no se consigue todo lo que hay acá en México, y
si se consigue, se consigue en dólares”.
Hace seis años viajó al Vaticano para presentar las
artesanías mexiquenses en los Museos vaticanos y ha participado en diversos
encuentros interculturales en distintas partes de México.
“Cuando me entero de que salen convocatorias para
concursos, pues yo me dedico a trabajar, me desvelo, me levanto temprano para
poder trabajar y tiene que ser un trabajo de calidad, porque yo creo que de eso
se trata”, agregó.
Consciente de la situación actual de los textiles
tradicionales, parte de su producción comercial se enfoca en lo que ella ha
llamado “Prendas de innovación”, que son artículos como bolsitas y morrales
para cosméticos o celulares, lapiceras y caminos de mesas, entre otros
productos que sin tener la tradición del chincuete o el gabán, han sido bien
recibidos por los consumidores, para uso utilitario o decorativo y en la que se
ha encontrado una forma de continuar la vigencia del telar de cintura.

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