martes, 21 de marzo de 2017

EL “HOSPITAL DE LOS POETAS MUERTOS” Y LA CLÍNICA DEL ISSEMYM DE TEXCOCO (A PROPÓSITO DEL DÍA DE LA POESÍA)


Por Salvador Díaz Sánchez


Oscilante entre la glosa y la glucosa me hundo atolondrado en el mal de amores, Insatisfecho entre tantos versos dulces que rayan en lo carameloso, Vago en mí mismo, siento que una copla popular yace inane dentro de mí, No hay remedio, puros versos diabéticos habitan en mis venas, El concepto es así, los motivos son los mismos, Su presencia es absoluta, la Diabólica me acosa, Cavilo, voy o me quedo, Voy a donde el viento me lleve, Me transporta a una clínica especial, En la sala de espera veo a Machado y a sus parientes enfermos, Miro a Sabines a Paz y a García Márquez, los tres con la mirada senescentemente tranquila, Uno canonizando putas, otro pidiendo una puta, el otro acompañado de sus viejas putas tristes, Observo en la entrada a Cabrera Infante con sus tres tristes tigres que no tienen fuerza ni para bostezar, En eso llega el relamido Novo con su chichifo, un efebo más que elocuente, Los escritores se saludan entre ellos cuidando de no molestar a los tigres del cubano, Pero, qué es esto, me pregunto cuando advierto a Owen y Villaurrutia, Dirán que soy sexista, pero no veo a mujeres, excepto las acompañantes del colombiano, parece una congregación de poetas machines, Ah, pero no acabo de expresar esto cuando miro que todos voltean a un tiempo para ver a una figura deslumbrante, sí, la reina, ni más ni menos, Sor Juana, que como un latigazo suelta: "hombres necios que acusáis a la mujer sin razón", ipso facto, los personajes se prosternan ante la madona de las letras, ¡salve oh reina de los sonetos y las redondillas!, dicen al unísono los bardos del siglo XX, y por un momento se olvidan de que todos esperan turno para ver al matasanos, y en racimo hacen reverencia a la oriunda de Nepantla, Qué fantástico es ver a todos aquellos que guardan una íntima relación con la palabra, constructores de versos, zurcidores de fantasías y de mundos estéticos, No importa que ahí en una butaca de urgencias desfallezca una figura retórica al lado de un fatigado discurso poético, Los dos se abrazan, consolándose tiernamente, en espera de una musa que los atienda y ambos miran a Sor Juana, pero a ésta le duele un verso alejandrino y prefiere sentarse majestuosamente entre una oda y una elegía, Yo atisbo cuidadosamente ese loco escenario al momento en que una estrofa llega estornudando y escupiendo ripios, me pregunta: ¿Aquí está la cola para las citas?, No, mire, ahí donde está ese señor con esas damas exóticas, ahí va la fila, y señala a García Márquez, Con su bufanda de tropos y heliotropos la extenuada estrofa se forma detrás de Villaurrutia quien le pregunta si Su voz quema dura, Yo me desentiendo un poco de tan extrañas charlas y personajes, pues mi mal de amores me punza aquí mero en la región mamaria, juntito a la wikipedia del corazón, y mi Diabólica me recita un silabario de silencios que me dice que ya no chupe, Por fin entro con el médico de guardia quien viendo mi desastroso estado físico-poético, me hace una transfusión de orden teórico-metodológico-poético, y al punto mis preocupaciones disminuyen, Cuando salgo del consultorio de almas semánticas miro ese cenáculo de locos egregios, todos enfermos, todos desangrando versos y palabras, todos muriendo de amor, Le pregunto al galeno, pos dónde estoy mi estimado doctor, en El Hospital de los poetas muertos, pero García Márquez no está muerto, Ah es que él no es poeta, es novelista, Pero, ¿y Cabrera Infante, tampoco es poeta?, replico, Ah es que él es influyente, Y yo así, como un doliente enfermo de amor, vuelvo a mi realidad, De este modo, aquejado por el flagelo de la poesía, abro bien los ojos y en lugar de Novo, veo a un policía de los estatales de Edomex, Cabrera es una señora con tres escuincles que brincan por todos lados, Paz es un anciano con bastón que platica con su hija que no deja su celular en paz, Owen y Villaurrutia son dos maestros de la EPO que no dejan de hablar, Machado es un viejito pepenche que está sentado con dos de sus hijas, Sabines y su tía Chofi es un señor que no me quita la vista de encima, García Márquez es un camillero que comparte charadas con dos enfermeras, Y la Décima Musa no es otra que la intendente que afanosamente talla el piso de la sala de espera, Viendo la pasmosa realidá, le digo a la estrofa sangrante, que no es más que la señora gorda que me antecedió en la consulta, hasta luego señora Y como dijo don Abelardo, jeje, Ustedes se quedan y yo me largo, y me largué de la clínica del ISSEMYM de Texcoco después de asistir a tan poético escenario.

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