miércoles, 11 de enero de 2017

GASOLINAZO, LA CRÓNICA DE UN PROBLEMA ECONÓMICO QUE SE CONVIRTIÓ EN CONFLICTO POLÍTICO Y MORAL

Por Rocío Ayala Pimentel

Edomex.- La psicótica situación con la que inició el año la República Mexicana, y que tuvo especial acento el 04 de enero, en Texcoco y municipios vecinos, se extendió también a lo largo y ancho del estado de México. En municipios como Tultitlán, Romero Rubio, Coacalco y Ecatepec si hubo disturbios por saqueo de tiendas como Chedrahui y Coppel. 
Los rumores de contingentes acompañados con camiones de volteo y armas de fuego, dirigidos hacia las comunidades, circularon en potencia; hubo incluso audios de seudo policías que advertían sobre los saqueos e invitaban a las personas a no salir de sus hogares. Cientos de locatarios cerraron sus negocios para no ver afectado su patrimonio y familias enteras se encerraron 'bajo piedra y lodo'.
De la maquiavélica idea de sembrar terror entre los mexiquenses, aún se desconoce el autor intelectual y aunque se presumen nombres, nada es fehaciente. Aunque sí hubo casos de robo y acoso en algunas comunidades, llegó finalmente una escalada de versiones desmintiendo la psicosis, la vía fue la misma: Las redes sociales. También se dieron a conocer en periódicos de renombre, videos de policías participando en actos de rapiña, con un pequeño detalle: No se mencionó en qué parte del estado de México. 
Ante ese panorama, todo parece indicar que el gobierno de Peña Nieto no tiene capacidad para hacer frente a las consecuencias no solo económicas sino sociales y políticas de esta medida. Además de la insistente pobreza argumental para justificarse, el rechazo a los aumentos se ha convertido ya en un memorial de agravios. Las movilizaciones en contra del gasolinazo tienen presencia en prácticamente todo el territorio nacional con alcances similares a otros movimientos de resistencia surgidos en lo que va del sexenio, todos juntos. El gasolinazo ha provocado la exasperación de una parte de la población que probablemente antes no había salido a protestar porque no había sentido de manera tan cruda y directa el perjuicio en sus ingresos. El gasolinazo es precisamente no solo un problema económico sino ahora ya es un conflicto político y también moral, por tantas muestras de deshonestidad, engaño, corrupción y falta de ética del gobierno de Peña Nieto, quien además de incapaz, aparece sin capital político ni ético para encarar cabalmente los efectos de su más reciente desatino. Anunciar la reducción del diez por ciento en los salarios de los altos funcionarios es una disposición insuficiente y que raya en la burla considerando que en México el presidente y muchos altos funcionarios ganan mucho más que sus pares en países con mayor prosperidad económica. Explicándonos una y otra vez como si fuésemos tontos que todo es por nuestro bien, Peña Nieto y su gabinete se muestran insensibles y sin ninguna reserva de honestidad ni justicia que ampare sus resoluciones.
Cabe preguntarse, ¿a qué clase de gobierno se atreve a subir el precio de los combustibles después de haber afirmado, como parte de la propaganda de su reforma energética, que no iba a haber aumento; después de que los diputados se otorgaron no uno, sino dos millonarios bonos “navideños” con unos cuantos días de diferencia y sin el menor pudor; cuando está prófugo, entre otros, el siniestro exgobernador de Veracruz, Javier Duarte, quien esquilmó miles de millones de pesos del erario (y se sospecha que una parte de ese dinero fue a parar a la campaña del propio presidente); después del escándalo de corrupción de la Casa Blanca y de la desaparición de los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa y, por si fuera poco, en el momento en el que los índices de popularidad de Peña Nieto son más bajos que nunca antes?
Han sido muchas las voces y los rostros de los manifestantes, desde transportistas y distribuidores organizados regionalmente, así como ciudadanos de las capas medias en varias ciudades, quienes se han bloqueado carreteras, gasolineras e instalaciones de Pemex, entre otras. Los actos vandálicos registrados la semana pasada, en sincronía con una oscura maniobra de convocatoria en redes sociales, son una forma de violencia colectiva ya conocida y que ha ocurrido en muchas partes del mundo en momentos críticos, ya sea en una situación excepcional como un desastre natural –cuando se genera una situación caótica o de gran descontrol en la presencia y acción de la autoridad– o como consecuencia o parte de un conflicto más amplio: el rechazo a alguna decisión gubernamental –medidas económicas lesivas, algún abuso de autoridad. Psicosis que derivó en dos días de encierro en la mayoría de los municipios del EDOMEX tras una oleada viral de mensajes en redes sociales. Una medida que lejos de frenar las manifestaciones y mermar el espíritu combativo de la sociedad, acrecentó el enojo y la frustración de la sociedad mexiquense.  Las manifestaciones han pasado de ser constantes a permanentes, donde cada día se suman actores políticos que en un principio se manifestaron agnósticos a la lucha social e incluso quienes fueron los artífices del gobierno federal para dar marcha al gasolinazo, hoy día frente a un marco de referencia de ignorancia de las consecuencias de las reformas estructurales, ya que parece que votaron sin conocer (hecho que no es justificable) las letras chiquitas de las iniciativas de ley, propuestas por el ejecutivo federal. Desde luego, ese asunto también ha molestado a la sociedad civil que ha decidido que en la lucha contra el gasolinazo, no haya oradores permanentes ni actores políticos que monopolicen la justa lucha contra el gasolinazo.

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